Hasta la fecha todos los autores que hemos traído a la sección «Medallistas de hoy» tenían como eje en común el hecho de ser artistas vivos. Algunos de ellos, por cierto, luego nos han dejado. Este nexo tenía por finalidad valorar las obras medallísticas actuales; en el sentido que actual, va unido al concepto de artista en plena producción. Pero hoy citaremos a un artista que no podemos dejarlo de englobarlo en lo actual, a pesar de su prematura desaparición en 2022.
La primera vez que tuvimos en mente tratar la obra de Eamon Gray fue ahora hace diez años, y por eso lo llevamos como caso de autor al XVI Congreso Nacional de Numismática celebrado en Barcelona en 2018. Gray ya era conocido en el mundo del arte de la medalla, puesto que, no en vano, había ganado el premio de la British Art Medal Society (Student Medal Project) tanto en el año 2001 como en 2002. Pronto se presentó en la FIDEM y expuso en Irlanda e internacionalmente. Destaca sobremanera que el British Museum incluyó en sus fondos tres de las obras de Eamon.

Una de estas obras es la que nos llamó la atención en su día: Tears of Souvenirs, la cual se inspira en un pequeño juego francés de finales del siglo XVIII y principios del XIX basado en una tarjeta redonda en una de cuyas caras se muestra un pequeño pájaro, y en la otra una jaula, de modo que por el movimiento circular de la misma a través de unas tiras de cuerda, el espectador recibe la ilusión de que el ave queda atrapada en la pajarera. Tal y como explicó para BAMS el propio artista, en el momento de su concepción, estaba «creando obras que, para mí, abordaban el tema de la juventud perdida. La medalla me pareció el vehículo ideal para transmitir tales pensamientos. En Tears of Souvenirs, el pájaro, como símbolo de la juventud, ha escapado, dejando solo una pluma en su lugar, un recuerdo fugaz. A diferencia del juguete original, por mucho que giremos la medalla, no podemos atrapar el tiempo ni la juventud. La puerta de la jaula permanece abierta; la juventud ha huido, como eventualmente nos escapará a todos. Todo lo que nos queda son los recuerdos, los souvenirs de lo que fue, de lo que hemos perdido».
Su intencionalidad estaba clara, pero lo que realmente llamaba nuestro interés, era el uso que de los tipos iconográficos había hecho Gray; estos no eran baladís. Y la carga simbólica tras ellos, era secular. Por un lado, como ya dijimos, está la fuente visual del juego de origen galo, en el que el pájaro, quizás, lo que espera es su liberación, como esa juventud en ciernes que le revela al niño la consecución, una vez ya adulto, de lo que de otro modo le es inalcanzable.
Así, la esperanza del pájaro por ser liberado es un tema que disfruta de diversas fuentes, entre la que destacaremos la de un artista, inventor y filósofo polifacético: Leonardo da Vinci. Conservamos hoy del florentino algunas compilaciones de dibujos donde especulaba —enigmáticamente en ocasiones— sobre el vuelo de las aves, el viento, la atmósfera… y en la que observamos también un caso en el que sobre una avecilla enjaulada escribía «I pensieri si voltano alla speranza»: el conocimiento se torna en la esperanza que te da la libertad, toda una fascinante metáfora de su propia vida y trabajo. Obviamente, ese conocimiento atesorado, esa libertad, se suma gracias a los años y la experiencia, algo propio del niño que pasa de adolescente a adulto y abandona finalmente la pajarera. Y es desde aquí desde donde se transforma ésta en atributo también de la lozanía, esa de la que finalmente solo queda el recuerdo según destaca con la pluma del reverso nuestro autor. La esperanza por salir de la jaula no es ahora en Gray la precursora de la liberación, sino que la jaula es la exacta señal de la juventud que es animada por la esperanza; es su mismo símbolo. Así es como de facto la muestra en alguna de sus pinturas el, no por casualidad, emblemista seiscientista Otto van Veen: un adolescente, reflejo de juventud, sujeta una jaula entre sus brazos.
No menor es el detalle del irlandés en dejar una pluma en el reverso como el recuerdo que se deja tras la pérdida de la mocedad, puesto que también había sido tradicional en base a adagios latinos fundamentados en los Salmos bíblicos, interpretar las plumas de las que se desprenden las rapaces como un «Renovavitur tu aquilae iuventus tua»; es decir, como imagen de la restitución de los primeros lustres y esplendores de la juventud, conforme el águila lo hace al soltar parte de su viejo plumaje batiendo las alas. De nuevo, los jeroglíficos, ahora los del doctor Rodríguez de Monforte en 1666, recogen esta carga significativa que en Eamon suponía una evocación.
Así pues, qué mejor medalla para homenajear —e incluso llorar— a un artista actual cuyas obras son los mejores souvenirs —recuerdos, en juego de palabras— de la juventud que ha —nos ha— pasado.